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21 DE OCTUBRE, SALOMÉ UREÑA DE ENRÍQUEZ

Salomé Ureña Díaz de Henríquez, poetisa y educadora dominicana, nació el 21 de octubre de 1850, en Santo Domingo. Fueron sus padres Nicolás Ureña de Mendoza y Gregoria Díaz de León.

Una de las figuras centrales de la poesía lírica del siglo XIX e innovadora en la educación de las mujeres en República Dominicana.

Consagrada como poeta de la Hispania por el crítico español Marcelino Menéndez y Pelayo quien escribió que “para encontrar verdadera poesía en Santo Domingo hay que llegar a José Joaquín Pérez y a Salomé Ureña”, (Citado por R. de Demorizi).

La poesía de Salomé Ureña de Henríquez es de aliento, de estímulo, pero es, al mismo tiempo, poesía consagrada al porvenir. Salomé pertenece a la generación que floreció poco después de alcanzada la independencia en 1844. Por tal razón, el tema de la patria en formación, de sus anhelos, sus esperanzas y sus desventuras, es el que primero cautiva su inspiración.

Aprendió las primeras letras en escuelas públicas de ese tiempo. Pero adquirió después, gracias a su apasionada afición por los libros, y dirigida por su padre, una esmerada educación que tuvo por fundamento la lectura de los clásicos castellanos.

A los diez y siete años empezó a publicar sus versos, un año después firmó con su propio nombre sus cantos patrióticos. En 1878 le fue otorgada una medalla por la sociedad literaria "Amigos del País". En 1880 se casó con don Francisco Henríquez y Carvajal, con quien procreó cuatro hijos: Pedro, Camila, Max y Francisco Henríquez Ureña.

En 1880 publicó su libro de Poesías, prologado por el presidente Meriño. Más adelante, plasma su desencanto antes los acontecimientos políticos   en su poema "Sombras".

Su entusiasmo por el saber la determinó a fundar en 1881 el Instituto de Señoritas, primer centro de enseñanza superior que tuvo la mujer dominicana. Ese instituto fue el inicio de una verdadera cruzada por la cultura de la mujer, y fue a la vez el complemento de la labor del maestro puertorriqueño Eugenio María Hostos, que reformó la enseñanza en Santo Domingo.

En la investidura académica de sus primeras discípulas, escribió su lírica "Ofrenda a la patria".

Expreso en sus odas alabanzas a la ciencia, a la industria, al trabajo, a todas las actividades dignificantes de la inteligencia humana, pero con la fuerza de una mujer creyente también en las virtudes del espíritu.

Su muerte, el 6 de marzo de 1897, en Santo Domingo, fue un duelo para todos los dominicanos.

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